Tres días en Oporto, a pie, desde Cedofeita
Oporto es una ciudad que se recorre andando. Desde la casa, casi todo lo que merece la pena está a media hora a pie — cuesta abajo a la ida, con el tranvía o el metro para volver a subir.
Primer día — el centro histórico
Baje por la Rua de Cedofeita — se vuelve peatonal al acercarse al centro, entre comercio antiguo y galerías. En quince minutos llega a la Torre de los Clérigos; suba sus 225 escalones temprano, antes de las colas, por la mejor vista de los tejados.
Desde ahí todo es bajar: la librería Lello (reserve hora online si le hace ilusión), la catedral, y el ovillo de callejuelas que desemboca en la Ribeira. Quédese en el muelle al caer la tarde, cruce el tablero inferior del puente Don Luis I hasta Gaia y pruebe el vino de Oporto donde siempre ha envejecido. Vuelva por el tablero superior al atardecer — la vista es la postal.
Segundo día — Cedofeita, Boavista y el mar
Empiece por nuestro propio barrio: las galerías de la Rua Miguel Bombarda abren a media mañana, y el Mercado Bom Sucesso es un buen almuerzo temprano. Siga a pie hasta la Casa da Música — el edificio más audaz de Oporto, con visitas guiadas diarias — y los jardines del Palácio de Cristal, asomados al río.
Por la tarde, tome el tranvía nº 1 en Infante y recorra la orilla hasta Foz, donde el Duero se encuentra con el Atlántico. Camine el paseo marítimo hasta el faro de Felgueiras, tome algo en una terraza, y vuelva en autobús o taxi (quince minutos).
Tercer día — el Oporto de los portuenses
Vea el vestíbulo de azulejos de la estación de São Bento antes de la multitud, y después el renovado Mercado de Bolhão — los puestos del fondo aún venden al barrio, no a los turistas. Recorra la Rua de Santa Catarina, pasando por el Café Majestic y la Capela das Almas, forrada de azulejos de arriba abajo.
En la última comida, entre en el debate que anima a toda la ciudad: la francesinha. El Brasão Coliseu, a quince minutos de la casa, hace una de las mejores. No necesitará cenar.
A tener en cuenta
Oporto tiene cuestas: un calzado cómodo vale más que un coche. El metro (estación Lapa, a 650 m) y los autobuses en la puerta cubren lo que quede fuera del alcance a pie. Y en invierno casi todo lo anterior sigue siendo agradable — esta es una ciudad para ver a pie de calle, con cualquier tiempo.